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A tenor de lo expuesto anteriormente, en el apartado de Origenes, podemos deducir que desde el momento en que aparece la imagen entre los muros del templo, que actualmente corresponde al Convento de la Merced, se produce una fuerte vinculación entre ambos personajes y comenzó a celebrarse la fiesta tal y como se hace en nuestros dias, con las evoluciones lógicas que ha sufrido nuestra sociedad. Se puede establecer por lo tanto que su antigüedad data no mucho más tarde del año 1.490.
Los regidores de la ciudad solicitaron a los Reyes Católicos la concesión de una feria, solicitud que fue denegada según consta en la Cédula Real fechada el 31 de Julio de 1493 en Barcelona, donde se especifica que se debería estudiar otras del Reino de Granada.
Tras una nueva solicitud realizada por los frailes del Convento de la Merced en 1580, colaborando en esa petición el Ayuntamiento, finalmente y en tiempos del reinado de Felipe II la concede señalando para ello la fecha del 8 al 15 de septiembre.
Parece ser que la fiesta alcanzó rápidamente gran importancia y así en 1.594 se celebró en la Plaza de La Merced, para que tuviera mayor lucimiento y promover el culto a la Virgen; y tres años más tarde los frailes Mercedarios ganaron una Real Provisión por la que se seguiría celebrando allí, existiendo franquicia de derechos a los comerciantes locales y forasteros para que se establecieran allí, pagando menos e incluso se prohibió la apertura de comercios en otras calles, situación que se mantuvo hasta 1.847, en que el Consejo de Castilla autoriza la apertura de todos los comercios.
Se hace necesario mencionar la visita que el “recaudador “ Miguel de Cervantes nos hizo aquel día 9 de Septiembre de 1594, enviado por el excontador de Sevilla. Agustín de Cetina, para efectuar el cobro de los atrasos de tercios y alcabalas, que se debían del erario Real. Se da por cierto- en esto todos los investigadores coinciden- que viniendo Cervantes de Guadix, se encontrara por el único camino que existía , a la comitiva de regreso a su Ciudad. Hombre culto y curioso no es de extrañar que preguntara el objeto de aquella lujosa comitiva y lo plasmara en el capítulo XI, 2ª parte de su inmortal obra El Ingenioso Hidalgo Don Quijote, en la figura del diablo saltarín que forma parte de la Carreta de las Cortes de la Muerte y que esgrimiendo un palo de donde cuelgan unas vejigas, produce el temor en el Caballero andante y su fiel Escudero.
En la referida obra se lee:
“ Estando en estas pláticas, quiso la suerte que llegase uno de la compañía, que venía vestido de bogiganga, con muchos cascabeles, y en la punta de un palo traía tres vegigas de vaca hinchadas; el cual moharracho, llegándose a don Quijote, comenzó a esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las vejigas, y a dar grandes saltos, sonando los cascabeles.”
” Por mi fé de Caballero andante, repondió Don Quijote, que así como ví este carro, imaginé que alguna grande aventura se me ofrecía, y ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar a desengaño. Andad con Dios, buena gente, y haced vuestra fiesta, y mirad si mandais algo en que pueda seros de provecho, que lo haré con buen ànimo y buen talante, porque de muchacho fui aficionado a la crápula, y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula.”
Los testimonios documentales más antiguos sobre la celebración de la fiesta aparecen hacia mediados del siglo XIX en escritos y publicaciones.
Por otra parte las publicaciones aparecidas en algunos períodicos y revistas locales y provinciales de finales del siglo XIX dan fé de la existencia de "El Cascamorras". En ellas se hace referencia al personaje, a sus vestiduras y a su cometido.
Llama la atención en este sentido la información procedente de la publicación de una Novena en 1.859 dedicaca a la Virgen de La Piedad en la que un Presbítero llamado Felipe Pedernal manifestaba ser pariente directo de Juan Pedernal aquel obrero accitano que halló la imagen de la Virgen.
Existen fotografías de "El Cascamorras" de finales del siglo XIX y de principios de este siglo.
La escasez de soporte documental en el intervalo de tiempo comprendido entre los siglos XVII Y XVIII, con referencias al personaje se justifica, según los estudiosos, porque probablemente fuera una fiesta del pueblo llano o “populacho”, aún excesivamente pagana y con poco arraigo entre las clases sociales altas de la época, que eran los transcriptores de los sucesos de su tiempo.
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